La siesta

“Cómo decirte que muchas veces, cuando piensas que estoy dormida, te engaño. Lo siento amor mío. Pero cómo me encanta engañarte. Cómo me encantaría preguntarte como lo haces.  Como me encanta saber que me estás observando. Cómo, primero te quedas maravillado con mi rostro y cómo, como un niño que necesita tocarlo todo, pasas, tus yemas con dulce olor a chocolate, con cuidado de no despertarme, por cada zona de mi rostro. ¡No pares de explorar cada rincón de mi cara hasta que corones mis labios, que de perfil, siempre dices que de tu corazón forma tienen! Cómo me encantaría preguntarte cómo lo haces para asombrarte cada vez que te engaño”.


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